|
Ahí estábamos nosotros, en La Plaza. Gente más común que nosotros, no podía haber. La excusa: ir a cenar a Furaibo. Pero para llegar a Furaibo había que pasar por La Plaza.
Eramos cuatro. El que escribe y tres de mis mejores amigos, de los cuales una es una chica. Ninguno de ellos antes había estado en La Plaza en circunstancias parecidas: Había muerto un ex-presidente y miles de personas estaban en La Plaza y sus alrededores. Si si, miles, nosotros los vimos. Seguramente cada uno podrá tener distintas teorías sobre porqué esos miles estaban ahí, pero ahí estaban entonando sus cánticos con fervor y emoción. No pudimos cruzar La Plaza, estaba vallada por una columna de gente que hacía una cola larguísima para entrar a la Casa de Gobierno, esa casa que está tan linda de noche con esos tonos rosados. La mayoría no hacía la cola para ver al muerto. Yo lo se, no me pregunten cómo es que lo sé, les pido que me crean un poquito. Esperaban horas para ver a la viuda y desearle fuerzas. Y como no pudimos cruzar, nos tuvimos que mezclar con la gente que estaba por ahí. Puedo decir con total certeza que ninguno de nosotros vio choripanes. Tampoco vi mayoría de gente de alguna determinada condición. Era gente común: pobres y clase media, ricos... poquitos, gente muy grande y bebés había, al menos así eran los que nosotros nos cruzamos, todos mezclados y en paz. Seguramente podría haber elegido otro camino para llevar a mis amigos hasta Furaibo. Pero bueno, las cosas se dieron así, y se que difícilmente mis amigos tengan otra oportunidad de ver y sentir lo que es estar en La Plaza, llena y fervorosa. Vi que al principio tuvieron miedo. Pero sabía que se les iba a pasar pronto. La Plaza es asi: es chuiquitita, pero tiene un poder que no tiene ninguna otra plaza. Vos pisás La Plaza y si sos de carne y hueso y tenés una fibra de alma e historia, su poder te atrapa y te envuelve y estás ahí, pisando el mismo suelo que alguna vez pisó mi querido Mariano Moreno o de repente estás parado sobre un pañuelo blanco, símbolo de esas viejitas locas a las que nunca jamás se les entregó el cuerpo muerto de sus hijos o de repente te quedas viendo los balcones de la Casa Rosada y es imposible no pensar cuántos hijos de puta mancillaron el honor de trabajar ahí adentro y a cuántos sacamos a patadas en el culo, a veces con justicia, otras sufriendo aquel error. La Plaza es así, y cuando la gente se expresa en ella y tenés que pasar por ahí "de casualidad", ya no sos vos solito parado en La Plaza, sos parte de lo mas hondo de la Historia de nuestro pueblo. Tuvimos que rodear el vallado hasta Avenida de Mayo y Florida, pasamos por delante de la sede del Gobierno de la Ciudad, donde trabaja Mauricio "va a estar bueno Buenos Aires" Macri. Mauricio ni pisó La Plaza. Ni Dualde. Ni De Narváez. Ni Lilita. Ni Alfonsín junior. Menos que menos Cobos, el vicepresidente de la Nación. Yo supongo que era porque el cantito mas repetido en La Plaza era algo así como "andate cobos la puta que te parió". Y lo entiendo, si yo hubiese sido él, ni en tele miro La Plaza. La Plaza es así. Solita expulsa a aquellos que no entienden su poder o que la mancillaron con sus pies y su traición. Cenamos re lindo, como siempre, mis amigos y yo en Furaibo. A la salida nos cruzamos con una importante columna de manifestantes que cantaban algo así como "Néstor no te voy a olvidar". Uno de mis amigos dice que son todos pagados. Yo le digo que dudo, porque si por plata fuera, por ejemplo, de Narváez bien podría tener un estadio de gente que le cante y lo aplauda todos los fines de semana. Pero no tiene. O al menos no le vi uno tan grande como el que acabábamos de presenciar. No todos se mueven por plata o favores. Yo no, y no soy nada especial, así que seguro como yo, hay miles. Y así se fue terminando el día, y nos volvimos todos a casa. En mis amigos, a alguno la experiencia le pasó por encima sin entenderla ni disfrutarla, el shock creo, los sacudió bastante. A otro vi como la cosa lo impregnaba y miraba asombrado y precavido. Unos nos íbamos sabiendo que estuvimos ahí, fuimos parte, por un ratito, de un momento histórico. Cuando dentro de algunos años se hable sobre aquello y de los miles que estuvieron en La Plaza, podremos decir: "Yo estuve ahí, fui uno de esos miles". Y cada uno podrá contar como lo vivimos. No se ustedes, pero la historia siempre me la contaron cambiada y para colmo para sacar ventajas en mi contra. Si puedo vivirla y ser parte, me hace sentir menos idiota.
|