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Soy petiso, pero me la piso España se había quedado sin rey. Fue asi: Un día, un francés petitisito y corajudo como el solo, se cargó a sus hombros al ejército de su país, recién salido de la Revolución Francesa. Y empezó a imponer por la fuerza esto de la república y todas esas ideas que a los reyes les quitaban el sueño, por cuanto reino se le cruzaba en el camino. Una de sus guerras fue contra España, la cual no sólo ganó sino que ademas, para humillarlos, mantuvo a su rey prisionero. Vean ustedes que lindo, si España ya no era un reino, porque no tenía rey, ¿a quién representaban los virreyes del Virreinato del Río de la Plata? A pindonga. Así que los virreyes y algún que otro cura loco, todavía fieles a un rey encarcelado y humillado, estaban con todas las de perder. Este petiso francés, había resultado un genio militar. Jamás en la historia se había presentado alguien con tal inteligencia para la guerra. Pero, como dice el maestro Tolkien, los hombres son fácilmente corruptibles, y he aquí que a este hombre de baja estatura se le chifló el moño y se convirtió en Emperador de Francia y mantuvo por 10 años a Europa bajo su poder. Bueno... casi toda Europa. Tiempo antes, cuando Francia y España todavía eran amigovios, se les ocurrió la gran idea de unir sus flotas navales y romperles el culo a los ingleses. Se trenzaron contra los británicos un lindo día: el 25 de Octubre de 1805. La batalla entre la marina británica y la coalición franco-española fue frente al cabo de Trafalgar, en la provincia española de Cádiz. Los ingleses los hicieron mierda, aca, puré, fuqui fuqui, aprendieron a leer el camasutra con los barquitos franco-españoles. Este hecho, tuvo dos consecuencias en nuestras tierras: Gran Bretaña se convertiría en la potencia marítima mas importante del mundo y ello la convertiría más tarde en la primera potencia mundial. Por otro lado, España ya no podría invadir ni apoyar sucesos en América porque ya no tendría con qué. Ah, a todo esto, el petisito francés se llamaba Napoleón Bonaparte. Martes 22 de mayo de 1810 El virrey ya no era Liniers. Su reemplazante fué otro sátrapa de nombre de rey mago: Baltasar Hidalgo Cisneros. Liniers se fue a Córdoba, que parece que era el lugar preferido para los tipos que no tená un lugar en Buenos Aires. Y fue asi que con la ayuda de French y Beruti llegó el día del Cabildo abierto. No se presentaron todos los invitados, de los 450 sólo 251 asisitieron. El motivo: los chisperos atajaban en el camino a los que apoyaban al virrey y los "convencían" de que era mejor que se vayan a ver si llovía al patio interno de sus casas. ¿Pero es que había gente que todavía apoyaba al virrey? Si si, había. Y no eran muchos, pero eran poderosos. Y sus motivos eran tan indignantes como la existencia del virrey mismo. ¿Se acuerdan que Buenos Aires vivía del contrabando y cobros de su aduana? Bueno, la gente que se beneficiaba de ello no quería saber nada con que las cosas cambien. Los acendados mas poderosos, ganaderos y agricultores, que vivían de la ya por entonces alta renta de las exportaciones por contrabando de sus mercancías (bajo la mirada complaciente de la aduana de Buenos Aires) no estaban de acuerdo con que venga alguien y les diga que era hora de empezar a repartir mejor la torta. En este contexto, se daba el debate del cabildo abierto del día 22. Que si apoyamos al rey, que no lo apoyamos nada, que todo queda como está, que hay que cambiarlo todo. Había dos partidos, cada uno con sus ideas: Por un lado, los que querían la revolución, cambiar las cosas de raíz y empezar a hacer justicia con el pueblo profundo de las provincias, con ideas de libertad, abolición de la esclavitud y mejorar la vida de todos los pobladores de esta tierra, desde los criollos hasta los indios, pasando por los esclavos negros. Y pensaban que para lograr esto, lo mejor era la revolución al estilo francés, o sea, al que no le gusta, cuchillo al cogote y que pase el que sigue. El exponente de este movimiento, era un tal Mariano Moreno (del que hablaremos más adelante), y a su movimiento lo llamaron, Morenismo (grossos). Por otro lado, estaba la lacra que no quería que nada cambie o que parezca que cambie para al final nunca cambiar nada. Estos se llevaban muy bien con la gente de poder y que minga le iban a dar libertad a esos cochinos indios y negros para que dejen de laburar en sus plantaciones de caña de azúcar y/o algodón o en sus curtiembres de cuero y mataderos. Esos que históricamente sólo reclaman para sí mismos, en nombre de la Patria que ingoran y desprecian, sólo cuando sus bolsillos son afectados. Esos que ya desde aquel entonces, preferían vender su ganado al precio de exportación de la libra exterlina, sin importarles un bledo si la gente de su propia tierra se moría de hambre. Bueno, estos lindos muchachitos estaban representados por un blandito de la historia, llamado Cornelio Saavedra. Al movimiento de don Cornelio, lo llamaron, Saavedrismo (re grossos). El debate era arduo. Y cuando las cosas se estaban poniendo feas y el saavedrismo parecía tener todas las de ganar, aparece un señor llamado Juan José Castelli y habla. Y en su discurso están las palabras de la libertad y la justicia. Y sus palabras prendieron. Y el virrey tuvo que renunciar. En su discurso, Castelli enfrentó a todos los poderes de la época, desde el rey y sus representantes hasta la Iglesia. El obispo de ese entonces, tenía copias de las bulas y documentos papales que ordenaban a sus ovejitas obedecer al modelo político que le convenía. Y fué así como la Iglesia, por medio de tipejos como éste, empezó a meterse en temas políticos que no siempre fueron en proa hacia el bien común, mas bien estaban más orientados al bien particular, de algunos particulares, bah. Miércoles 23 de mayo de 1810 Terminado el Cabildo abierto, se reparten y colocan avisos por toda la ciudad con la noticia de creación de una Junta de gobierno provisoria (o sea, se juntaron y gobernaron), y el llamado a diputados de todas las provincias del Virreinato, esto es, que personas de cada provincia, elegidas por su pueblo, se presentasen a Buenos Aires para debatir los pasos a seguir. Jueves 24 de mayo de 1810 Gracias a una artimaña, el saavedrismo logra modificar la Junta de gobierno y establece que ahora es el virrey depuesto el que la preside. Ante este hecho, Castelli le hace saber al virrey que su actitud agita al pueblo y subleva a la tropa y le "recomienda" deshacer lo expuesto, a lo cual el virrey accede de muy buen grado, pero como ya era de noche, lo dejaba para el día siguiente. Viernes 25 de mayo de 1810 Ya por la mañana, lluviosa y con muy pocos paraguas, los chisperos de French y Beruti habían copado la plaza de nuevo, pero esta vez no estaban solos. Reclamaban la anulación de la presidencia del virrey en la Junta y que se deje de joder de una vez porque ya tenían los huevos por el piso. Viendo el virrey que su vida ya corría peligro, fue lo suficientemente valiente para renunciar y quedarse en el molde. Ese mismo día se proclama la Primer Junta de Gobierno sin injerencia de rey o parásito representante alguno. Buenos Aires, la capital del Virreinato, se sentía libre por primera vez. El saavedrismo, sin embargo, pensaba que aún había que tener un enlace con el rey. Asi que la proclama no fué indepentista de entrada. Muchas veces se hacían cosas en nombre del rey. Porque estos pusilánimes pensaban que si el rey depuesto recuperaba su trono, bueno, tal vez había que quedar bien con él de nuevo por si retomaba el control de las colonias. Esto es otra demostración de egoísta nacida en aquel entonces que dice: "me doy vuelta como panquete siempre y cuando no me toquen mis intereses". De los hombres que formaron aquella Primera Junta, se destacan Hombres que darán todo de si por el bienestar de todos: Manuel Belgano, Juan José Castelli y Mariano Moreno. Como presidente quedará don Cornelio Saavedra, una pena, como se verá después.
Continuará
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