Notas para tu moral desdichada PDF Imprimir Correo electrónico
Nunca es tarde
Escrito por Pablushka   
Viernes 25 de Diciembre de 2009 21:00

"Las leyes de la naturaleza son inmutables y eternas, pues la injusticia, la ingratitud, la arrogancia, el orgullo, la iniquidad, el favoritismo de personas y demás no pueden hacerse legítimos, porque no puede ser que la guerra preserve la vida y la paz la destruya".


Yo

La primera vez que leí a Hobbes fue a través de una de sus grandes obras: El Leviatán. Un mamotreto lleno de textos que no comprendía, hasta hace muy poco. Y como soy de cabeza dura y muy paciente, lo leía y releía a ver si mi cerebrito subdesarrollado captaba algo. Y al final entendí, pero no por medio de las repeticiones de las lecturas, sino gracias a otro libro, de Fernando Savater, titulado "La aventura del pensamiento". Fué a través de este librito, que cuesta lo mismo que una entrada de cine, que comprendí aquello y además confirmé mi pensar: cuando uno pasa por un momento difícil, más vale quedarse quieto y pensar el próximo paso, antes que moverse y correr desaforadamente movidos por el sentir.

 

Para muchos la filosofía es algo que no sirve para nada. ¿Pero qué significa que algo no sirva "para nada"? Significa que no entendemos para qué sirve ese algo, que ignoramos su naturaleza y su función en el mundo. Todo sirve para algo, y cuando nos encontramos ante algo desconocido o que no comprendemos, generalmente no nos sirve de mucho, no por la naturaleza de la cosa en si, si no por culpa de nuestra ignorancia. La filosofía te sirve para entender algunos aspectos del mundo y de la naturaleza humana, de nuestro entorno y nuestro comportamiento, de nuestra relación con nosotros mismos y con la sociedad de la que somos parte. Nos sirve para entender porqué nos pasan ciertas cosas, buenas o malas, y sirve para aprender de ellas. Y la mejor manera de aprender filosofía es leyendo a filósofos que han contado sus experiencias porque las han vivido y entendido en la misma intesidad.


"Los pactos deben ser cumplidos, es conveniente mostrar gratitud por los beneficios recibidos, todo hombre debe esforzarse para acomodarse al resto de los hombres, deben perdonarse las ofensas de quienes se muestran arrepentidos de haberlas cometido, las venganzas deben tomar más en consideración el futuro que el pasado, ningún Hombre ha de proclamar su odio a otro ni en palabra ni en gesto, todo Hombre debe reconocer a los demás como su iguales por naturaleza". En criollo, lo que dice Hobbes es que hay que cumplir las promesas, ser tolerante y no crecer perseguidos por odios. Que curioso, antes de que conociera los textos de Hobbes, mi viejo me decía lo  mismo con palabras mas amenas.

Ya todos saben, en buena hora, que nadie es perfecto. Yo nunca pretendí serlo. Traté de seguir siempre lo que mi razón y corazón me dictan, y en esa lucha entre ambos, no siempre salí beneficiado. Siempre fui juzgado por otros, asi que ni le temo, ni le escapo a los que me apuntan con el dedo y me clasifican poniéndome en los casilleros que sus pequeñitas mentes les permiten.  Aquel que expone su pensamiento y trata de hacer algo por sacar al prójimo de su oscuridad, está siempre sometido al juicio egoísta y enfermizo de aquellos que no quieren ni entienden nada que no les convenga a sus propios intereses.

En mi, no ha cambiado nada, soy el mismo de siempre, con mis virtudes y mis miserias, y sigo aprendiendo de todos ustedes y de muchos otros. Sigo siendo tan bueno y tan malo como cualquiera y de hecho puedo ser el mas bueno o el más malo, si me saben buscar con ahínco.

Alguien me preguntó porqué no me defendí, porqué no salí al ruedo con el cuchillo entre los dientes y desparramé cabezas a diestra y siniestra, porqué dejé que todo el mundo hable desaforado y porqué permití que se dijera todo lo que se dijo. Y yo me respondo: ¿Y porqué no? Al fin de cuentas, para mi no fue ninguna sorpresa que dos o tres resultaran haciendo lo que al final hicieron. Mi fe en ellos siempre me empujó a no humillarlos ni castigarlos a pesar de que tal vez se lo merecían. Al final ellos solitos se mostraron tal cual son y dijeron al mundo lo que tenían guardado bien adentro hace vaya uno a saber cuánto tiempo. A pesar del dolor y la bronca, yo estoy muy contento conmigo mismo, porque pude vencer a la mayoría de mis peores demonios: el de la ira, el del abuso de poder y el de la venganza. Y creanme, ni a mi ni a ninguno de los involucrados nos hubiese gustado luchar contra esos demonios en un campo de batalla estéril. Sobre todo porque los actos de tales demonios golpean en el presente, pero desangran y repercuten muy hondo en el futuro de la peor manera.

Hoy tengo ganas de escribir como nunca antes lo había hecho sobre gente que no merece ni una línea de texto. Pero, parafraseando a una psíquica orientaloide: hoy necesitaba hacerlo. Y esta vez no voy a ahorrar en adjetivos, tan bonitos y descriptivos ellos, tan ricos para contar lo que siento. Y como lo que siento es tan malo que duele y destruye, lo cuento ahora y me lo saco de encima para siempre. Usen ustedes su imaginación y bauticen con nombre y apellido a cada uno de los pronombres y sujetos que siguen a continuación. Seguro que no se van a equivocar.

Ella

"Las consecuencias del mal son eternas: en el mal ha crecido el mundo y por el mal se sostiene; también el mal lo perpetúa; impregnada de mal debe existir la criatura; y al seno del mal vuelve, después de la existencia".


Ella es maravillosa, bonita, alegre. Ella te regala abrazos y te da besos. Ella te invita y te insinúa felicidad con gestos y actos. Ella te muestra y te hace saber sin pudores de lo que es capaz de hacer para satisfacer las necesidades carnales de un hombre. Ella se presenta inocente y sorprendida de las cosas que dice y hace. Ella es la vecinita del barrio que todo lo hace, es la putita de la cuadra, cosa que no tiene nada de malo salvo algunas connotaciones de moral espúrea. Lo malo es que Ella cree fervorosamente que ser puta es la única herramienta para lograr sus metas en todos los órdenes de la vida. Ella desea cosas y placeres que sus entrañas calientes le demandan y poco le importan las consecuencias. Sin embargo no se la puede culpar por todo, es víctima de ese ardor que no le permite razonar y que la lleva por los caminos del egoísmo abismal. Ella sólo quiere que piensen en ella. Ella sólo quiere que todos la amen. Ella está dispuesta a descartar personas a cambio de otras... siempre y cuando sus necesidades y caprichos sean bien satisfechos. Ella odia porque los otros ya saben quien es ella. Ella crea su propio mundo de fantasías y conspiraciones. Ella se cree víctima y acusa, a uno, a todos. Ella es especialista en la mentira y te puede contar la misma historia por largo tiempo y convencerte que todo es cierto, todo. Pero cuando la verdad asoma, Ella se desvanece, y en su oscuridad teje los hilos de la venganza, madeja de verdades y delirios maliciosamente hilvanados. Pero ella no puede, no sabe, no tiene la inteligencia para llevar a cabo el plan, entonces busca y encuentra un falo retórico que le eyacule sus ideas en un orden, al menos, coherente, y milagrosamente mejora su redacción y elocuencia con palabras prestadas a las que sólo le añade su toque venenoso. Ella inyecta su ponzoña en el aire que se respira. Ella traiciona una y mil veces, usa los secretos que le confiaste en amistad y los distorciona y divulga sin avergonzarse, en tu contra. Y mil veces pide perdón, sabiendo que volverá a traicionarte. Ella te reclama y te exige porque ella necesita, necesita mas que nadie y su ardor le hace pensar que su necesidad está por encima de todo y de todos. A Ella, no le importa nada más que Ella misma. Si tiene que destruir el mundo en pos de su felicidad, lo hará. Ella pretende arruinarte la vida y luego te pide perdón una vez más. Ella sufre, su ardor le causa dolor y Ella sádicamente lo confunde con placer. Ella vive con miedo, miedo a que le hagan lo mismo que Ella hace. Ella, es una trampa. Y los próximos en caer están detrás de su mirada.


El

"Los motores del hacer del hombre son el deseo, la alegría, y la tristeza. Las ideas de un bien y un mal absolutos, han sido instituidas en la historia de los pueblos sólo para fomentar la superstición y facilitar a unos pocos el ejercicio de la dominación."


El todo lo sabe. El se muestra inteligente y locuaz. El se vende simpático y humilde ante los demás. El te discute tus ideas con elocuencia, pero calla cuando te tiene que dar la razón. El se cree superior y con derecho a criticar todo lo bueno que otros hacen, sin nunca El haber logrado alguna obra destacable. El no permite que los demás critiquen su trabajo, lo oculta celosamente porque tiene miedo, miedo de la verdad. El critica insolentemente todo y a todos pero no soporta ni un simple comentario que no sea de adulación a su propio ego. EL es un cobarde, huye despavorido ante el peligro de la verdad como un renacuajo huye cuando su charquito de inmundicia se va secando. El quiere destacar y no puede, y eso lo exaspera y lo hace aún peor. El es un soberbio descarnado tratando de salir del pozo de su mediocridad saltando desesperada y ridículamente sobre su cama elástica de resortes reforzados de envidia. El, como todo cobarde, habla por la letra de aquellos a quienes manipula con su mente enfermiza. El se cree mejor que todos. El es un ególatra frustrado. El te da su amor cargado de interés: sólo si le servís para algo. El se introduce con malicia en las mentes de los demás para robarles lo bueno y quedárselo para sí mismo, dejándoles al descubierto sólo sus miserias y su dolor, de modo que cualquiera que sea mejor que EL, quede expuesto y no sea un obstáculo para sus objetivos egoístas y miserables.  El sueña con ser el único, el preferido de todos, pero ya todos saben como es él. El se alimenta de las miserias ajenas como un chupasangre adicto al plasma de la carroña. El disfruta con el dolor de los demás. El se cree muy inteligente y se enorgullece por ser el cosechador del tormento de sus rivales imaginarios. El se pone en el lugar del maestro a la hora de juzgar la obra, cuando es un pobre alumno de primeros grados. Su pedantería lo hace execrable a los ojos de todos, y de la lástima que da, nadie se atreve decirle nada porque da vergüenza ajena ponerlo en evidencia. El es peligroso. Si El cree que sos una amenaza para su intrascendente ser, esperará con paciencia de santo el momento oportuno para vomitar con toda su vehemencia al descubierto, sus envidias y odios ocultos disfrazados de racionalismo y moral. El se pondrá, como es su costumbre, en el papel de juez, y juzgará todos tus actos, según su ego y su pobre razonamiento de novelita plagiada de Sherlock Holmes, como si El conociese la naturaleza humana, de todos y cada uno, y tuviera en su voz la verdad única. El se cree moralmente superior: a El le gusta jugar con Ella, la corretea y le toca el culo y las tetas cuando cree que nadie está mirando. El es un pobre tipo, insignificante y bufón de su propio yo.


La Eminencia

"La moral no es innata en el Hombre. Cuando se está frente a una encrucijada no se tiene a nadie y sólo se puede fiar en los propios instintos. No se puede guiar uno ni por los sentimientos, ni tampoco se pueden pedir consejos; porque los sentimientos los construye uno mismo con los actos y porque siempre se elige al consejero, que ya se sabe de antemano qué va a aconsejar."


La Eminencia da mucha pena. Parecía que era inteligente y sublime, inmaculada del deber y del hacer. Parecía que tenía todo de si para ser mucho mas de lo que, al final, resultó ser. La Eminencia es una frustración que recorre el continente de norte a sur. Es una marionetita despintada, deslucida,  cuyos hilos te llevan hasta El. La Eminencia te acusa y muestra como pruebas su parecer y sus convicciones, porque, claro, ella cree que realmente es una Eminencia y cree que sólo con decir es más que suficiente. Las cosas son como dice ella, porque ella lo dice, porque ella lo presiente, porque ella lo intuye, porque su titiritero de pacotilla la convenció de que asi son las cosas. La pobrecita sólo ve en los demás todo lo malo que no puede ver en ella y en su casa. La Eminencia se cree un dios apasionado de justicia: reparte castigos y perdones desde su trono de origami hecho con papel higiénico. No sabe, pobrecita, que nadie le pidió ningún perdón. La Eminencia se ha tomado muy en serio los títulos con los que la han bautizado, y su maestría en la huída la hacen callada y aguda. No sabe, pobrecita, que su cobardía va más allá de su figura pequeña y sumisa, que la trasciende y le domina la vida. La Eminencia, al final, no es eminencia en nada. Por su miedo y estupidez hasta dejó de hacer bien las pocas cosas que bien hacía. La Eminencia tiene la versatilidad para acomodarse en los prejuicios hacia los otros y de ese modo no sentirse incómoda. Fue precisamente, su máscara de Eminencia, la primera en caer. Pobrecita, pena da. Nunca podrá cortar los hilos de tu titiritero desquiciado y seguirá bailando según le ordenen, y vivirá en su teatrito de cartón, sin poder ver más allá de los hilos que le nublan la visión.

 

Nosotros

 

"Nuestro destino ejerce su influencia sobre nosotros incluso cuanto todavía no hemos aprendido su naturaleza; nuestro futuro dicta las leyes de nuestra actualidad."


Las palabras de Nietzsche dicen que lo que deseamos y queremos ser en el futuro, nos hace lo que somos y tenemos en el presente. Lo que pasó y lo que va a pasar en torno a todo este dolor no me sorprende. Fué y será, además, necesario que pase. Si las cosas que sucedieron no hubiesen ocurrido todo seguiría igual y la efímera pero obstinada unidad de una comunidad con evidentes divisiones de pensamiento seguiría tratando de engrudarnos unos con otros, en un esfuerzo vano de juntar comprensivos con intolerantes y gente solidaria con egoístas innatos. Los que pensamos distinto con los que piensan todo igual no podemos chocar de frente y salir todos indemnes del encuentro. Cualquier excusa, cualquier pretexto, será bueno para denostar a quien nos molesta y servirá para fijar nuestras posturas egoístas en contra de quien vemos como un obstáculo. Negarlo es mentirse a uno mismo y creerse superior a los otros. Pero la diferencia radical entre quienes lo sabemos y los que no, es la forma de actuar: unos sabemos y entendemos; y en consecuencia no nos escandalizamos, aceptamos y debatimos las ideas y pensamientos y toleramos las diferencias, no juzgamos las conductas y estimulamos y abrazamos el cambio positivo de aquellos que verdaderamente erraron y desean corregir su error. Otros en cambio, por su propio miedo al fracaso y la exclusión, confrontan y agreden y como no saben o no pueden pensar, no miden el impacto de sus actos en el presente y mucho menos en el futuro. Creen que las pequeñas victorias mugrientas del ahora les garantizan un futuro despreocupado. Bueno, la buena noticia para ellos es que el futuro aún está por verse y tienen la oportunidad de reparar parte del daño que han hecho.

 

En la adversidad se encienden los corazones virtuosos y se enardece pensamiento maligno. Todos aquellos que tomaron una posición son respetables, porque demostraron tener convicciones de algún tipo. Sin embargo, de este grupo destacan aquellos que no han juzgado ni a unos ni a otros, mostrando una madurez intelectual y un compromiso estimulante con principios sociales indispensables para una comunidad: tolerancia, respeto, solidaridad y pensamiento crítico. El resto, hizo lo que pudo, pero no se los puede culpar de nada, porque todos aprenderemos tarde o temprano como hemos de comportarnos en nuestra propia tribu.

Todos debemos entender que hay caminos que una vez que se transitan, ya no es posible retormarlos y volver al punto de partida. En mi corazón no hay odios para nadie, pero amor me queda solo para algunos. En mi pensar quedan conceptos sobre todos, pero son sólo mis conceptos. Lo que yo pienso y siento sobre cada uno es importante sólo para mi mismo. Y poco y nada me importa lo que los otros piensan y sientan sobre mi. Después de todo son las acciones y no los pensares o los sentires los que al final me demuestran quienes somos.

Bookmark and Share
Última actualización el Miércoles 07 de Abril de 2010 18:30