Mi querido Leonardo PDF Imprimir Correo electrónico
Nunca es tarde
Escrito por Pablushka   
Lunes 18 de Octubre de 2004 13:05

-Qué humilde eres mi señor…-le dijo el discípulo.-¿Por qué no utilizas tu sabiduría para obtener más y mejores víveres y aposentos?, ¿Es que no ves, Maestro, cómo Miguel Ángel llena sus arcas de valores y ganancias y su arte se multiplica por mucho? ¿Por qué no haces tú lo mismo? ¿Acaso ignoras que con pan y queso no se vive largo tiempo? …

El Maestro escuchaba distraído las quejas de su protegido. Sabía que le hablaba y que algo no le gustaba y que estaba molesto. Pero él estaba pensando en otras cosas. Corta una rebanada de pan, la pone sobre su dedo índice y comienza a mecerla hacia adelante y hacia atrás, se pone de pie y sin quitar la mirada de la rebanada da media vuelta hacia un lado, luego hacia el otro, meciendo su mano con el trocito de pan. Imaginaba los pájaros, en la hermosura de verlos volar libremente por el cielo…...

 

-…y encima el poco dinero que ganas, Maestro, lo utilizas para comprar hermosas aves en sus hermosas jaulas, que de nada sirven, pues al poco rato de haberlas adquirido las dejas libres para verlas volar y las perdemos...

Rápidamente toma el pan de su dedo, le pone un trocito de queso y lo saborea gustoso. Sus ropas gastadas de tanto uso, su banquito de madera roído por alguna alimaña y su figura robusta y elegante, que inspira el respeto más profundo, no dan miedo. Su rostro amable y lleno de paz esboza una suave sonrisa. Se le ha ocurrido otra locura, otra genialidad. Además de la máquina para poder nadar bajo el agua, la catapulta, la bicicleta, los carros blindados de combate y algunos artilugios más, se le ha ocurrido que el hombre podrá volar (al mismo tiempo, distraído,  

-...si seguimos así, mi señor, le juro por Dios que me buscaré otro maestro, o me iré con el mismo Miguel Ángel, donde sus discípulos andan con capa de terciopelo rojo y en carroza...

Leonardo levanta la mirada. Deposita sus ojos sobre su quejumbroso discípulo. No está enojado con él. Lo comprende. Lo ama. Entiende todos sus males y desgracias, sus afanes y ambiciones. Por eso lo adoptó. Con la voz más suave y firme que un hombre pueda tener, le dice a su discípulo: -Cuando Miguel Ángel muera, seguramente será recordado por sus magníficas obras. Cuando yo muera, quiero ser recordado no sólo por el lienzo y la piedra, sino también por mi alma.

Salaíno, que así se llamaba el quejoso, se fue al poco tiempo con Miguel Ángel Buonarotti. Hoy todos conocen a Miguel Ángel por las obras de arte refinadas que hizo durante el Renacimiento de las Artes Antiguas. Hoy todos conocemos a Leonardo de Vinci como aquel Gran Maestro, Gran Inventor, Matemático y Estudioso, el que supo anticiparse a su tiempo, el Gran Artista, el Médico, el humilde sabio que murió en la pobreza extrema, habiendo trabajado para la nobleza más alta de su época. Hoy muy pocos saben que Salaíno existió. Y los pocos que lo saben, lo recuerdan como un vulgar traidor.

 

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Última actualización el Miércoles 27 de Mayo de 2009 20:28